La Excelencia en el liderazgo: puedes cultivar sus 4 principios

La excelencia en el liderazgo, o liderazgo consciente, sienta sus bases en cuatro fundamentos.

Como si fueran las patas de una firme mesa, estas cuatro claves construyen un concepto de vanguardia, que los líderes del mundo pueden aplicar a su quehacer diario, tareas, decisiones y relaciones interpersonales, a la vez de incorporarlo al desarrollo de su propio autoconocimiento y autorregulación.

Los cuatro principios son explicados de manera íntegra en el libro Mindfulness en el Liderazgo, cómo crear tu espacio interior para liderar con excelencia, de la autora Janice Marturano, quien es también directora y fundadora del Institute for Mindful Leadership de New York.

Estos fundamentos claves son: enfoque, claridad, creatividad y compasión. Cualidades que se originan en la mente y corazón propios y que se pueden cultivar y fortalecer a través del entrenamiento en el liderazgo consciente mediante el Mindfulness o atención plena, práctica que ayuda a conectar de manera completa, intencional y sin juicios con el momento presente.

Enfoque:

La autora describe en su libro los constantes y numerosos problemas que se suelen plantear para mantener la concentración y atención, los que las personas reconocen tanto en ámbitos laborales como de formación empresarial. De hecho, no es difícil notar que cuesta mantener la atención en una tarea, y que cualquier cosa puede distraer la mente, hasta los propios pensamientos.

Las consecuencias de esta débil atención son una productividad reducida, y una pérdida de conectividad con la tarea que se está realizando. Al mismo tiempo, genera complicaciones a nivel conversacional, ya que probablemente no se escucha al interlocutor.

Con el Mindfulness y la práctica del liderazgo, se puede reconocer aquel momento en que la mente se aleja del presente, es decir, cuando pierde atención, y redirigirla al presente. Aquello se puede entrenar, facilitando a la vez la capacidad de conectar con los demás y llevar la concentración plena a los problemas y oportunidades diarios.

Claridad:

Según plantea Marturano, la agitación característica del mundo de los negocios puede llevar a pensamientos y decisiones demasiado rápidas, sin observar lo que está en frente, ni menos cuestionarlo, para ver la realidad. 

Lo describió como una especie de ceguera, que se da mientras más se cree en un modelo de realidad, limitando las posibilidades y la visión.

Por tanto, este segundo principio se trata de detenerse lo suficiente para notar que se está atrapado en tal modelo o una modalidad reactiva, y así elegir de la más manera más adecuada, las mejores respuestas.

Tal como dice la autora, la claridad ayuda a entender que, pese a la tendencia que cualquier persona tiene hacia la acción, hay veces en que la respuesta más sabia a una situación consiste en no hacer nada, esperar y ver lo que ocurre. Y no solo se trata de ver acontecimientos, sino de la capacidad de observación propia.

Todo se resume en la siguiente afirmación: “necesitamos líderes con la capacidad de ver claramente lo que hay, no lo que creen que hay o lo que recuerdan que hubo. Entonces podremos tomar decisiones más adecuadas”.

Creatividad:

Varios autores, entre ellos Willian Duggan o Debra Kaye concuerdan en la necesidad de detenerse o de alejarse de las tareas para disponer del tiempo necesario para fomentar nuevas asociaciones y conexiones cerebrales. El cerebro creativo necesita espacio, algo escaso si una lista de tareas es demasiado extensa, o las reuniones llenan la agenda diaria.

Y es que, tal como explica la autora, la corriente continua del pensamiento obstaculiza el camino a la sabiduría que descansa en lo más profundo de cada persona. Es decir, lo aprendido y experimentado que se va acumulando con el paso del tiempo, recurso que se pierde y olvida entre carreras a reuniones y trámites, y termina sepultado en una montaña de distracciones.

La buena noticia, agrega la autora, es que la mente puede aprender a establecer una relación diferente con la corriente continua de pensamientos, y en el proceso, abrir un espacio a la creatividad. 

Compasión: 

“La compasión es un fruto de nuestra comprensión del sufrimiento y del correspondiente deseo de aliviarlo”.

Con esta frase, Janice Marturano define la compasión, el cuarto pilar del liderazgo de excelencia. Y aclara que, aunque suele emularse a la empatía, la verdadera compasión va mucho más allá de aquel concepto.

“La mente compasiva reconoce que la empatía es el resultado de la comprensión de que todos compartimos la misma humanidad”, manifestó.

De este modo, el cultivo de la capacidad innata de ser compasivo permite advertir que siempre se puede aliviar el sufrimiento por más que la persona esté alejada de esa realidad. De hecho, esa misma lejanía impide advertir el modo en que se genera el sufrimiento, tanto ajeno como propio. Se debe comprender así que no es posible aliviar un sufrimiento si no se nota el modo en que se causa aquel sufrimiento.

Por eso, el cultivo de la compasión comienza con la compasión hacia uno mismo, lo que abre espacio para advertir el sufrimiento propio y tratarnos con bondad y amabilidad

Esta podría ser la cualidad más difícil de adquirir, ya que los líderes suelen ubicarse en último lugar y creen que no necesitan compasión, entendiéndolo como egoísmo o autocomplacencia. No obstante, la autocompasión ayuda al autoconocimiento, a entender a quienes nos rodean y a cobrar conciencia de lo parecidos que somos. 

2018-08-23T10:40:19-06:00